
La tendencia del café frío ya aterrizó con fuerza en el mercado peruano. Según un estudio citado por Nestlé, el segmento de 16 a 24 años concentra el 18% de preferencia por café frío, mientras que los momentos de mayor consumo se ubican entre el almuerzo y la cena (20%) y entre desayuno y almuerzo (17%). En Lima, esto se traduce en mayor rotación de cold brew, iced latte y frappés dentro de cafeterías de especialidad, rooftops y formatos grab-and-go.
Para el canal HORECA, la oportunidad está en la eficiencia del modelo. Un cold brew preparado por batch permite producción anticipada de 12 a 24 horas, mejor control de merma y una personalización de alto margen con leches vegetales, cítricos, espuma fría o jarabes. Además, el consumo interno del café en Perú sigue siendo bajo frente al potencial exportador, por lo que formatos fríos ayudan a abrir nuevos momentos de consumo y elevar ticket promedio en públicos jóvenes y turistas.
En Perú, esta tendencia también conecta con una narrativa de origen que suma valor comercial: usar café peruano de Junín, Cajamarca, Amazonas o Cusco en formatos fríos eleva la experiencia desde producto commodity hacia bebida premium de origen. Esto abre espacio para menús de temporada, activaciones en terrazas, consumo en playa, rooftops y desayunos hoteleros, donde el café frío deja de ser una moda importada para convertirse en una categoría con identidad local y alto potencial de margen.




