
Ubicado en Miraflores, Booze Bar —liderado por el bartender Gerson Arteaga— plantea una experiencia donde la coctelería se construye desde la técnica más que desde la ejecución visible. A diferencia del modelo tradicional centrado en el show del bartender, aquí el servicio es sobrio y sin artificios, priorizando la calidad del resultado final .
El diferencial está en el trabajo previo. Gran parte de las preparaciones se desarrolla días o semanas antes del servicio, mediante procesos como destilados propios, “fat wash”, elaboración de cordiales y esencias en un taller interno. Esto permite que, al momento de servir, el cóctel se perciba simple, aunque detrás exista una complejidad técnica significativa .
En términos operativos, el proyecto nació con limitaciones de equipamiento —sin herramientas como rotavap, roner o centrífuga— lo que obligó a desarrollar soluciones técnicas alternativas. Este enfoque evidencia una tendencia creciente en el sector: la innovación no depende exclusivamente de tecnología avanzada, sino de conocimiento aplicado y optimización de recursos.




